Mi primera vez en un automóvil

Lamentablemente comenzaron las clases. Ya era marzo, y no quedaba otra que volver a estudiar. Asistía por las mañanas, desde las 7:30 am hasta las 12:30 hs. Y por las tardes, dos días a la semana tenía educación física, pocas cosas odiaba tanto como asistir a estas clases.

Los chats seguían, tenía menos tiempo, pero seguía haciendo contactos.

Uno de ellos era Felipe, un hombre de 51 años, casado con 4 hijos, vivía en Rosario, a unos 300 km de donde vivía. Me había hecho una propuesta interesante y me ofreció el equivalente a unos 150 dólares.

Me comenzó a gustar el dinero fácil, y sobre todo ir probando cosas nuevas, era lo que me decidía a aceptar o no propuestas, si era mas de lo mismo, no lo rechazaba pero lo dejaba para mas adelante.

Habíamos quedado para un martes, el tuvo que inventar algo en el trabajo, porque no iba ir a trabajar, se tomaba todo el día y en su casa no dijo nada, se iría a la hora de siempre y volvería a la misma hora. Como no le pasé mi celular, me pidió en retiradas veces que si me arrepentía lo llame, para no hacer 600 km por nada.

Esa mañana estuve pensando todo el tiempo en el encuentro, no presté atención a ninguna de mis clases, no tendría que hacer nada del otro mundo, pero me excitaba la propuesta de Felipe.

Salí a horario, me fui caminando al punto de encuentro, era solo a unas 9 cuadras de donde estudiaba. Yo le dije donde encontrarnos, quería un lugar cerca, pero a la vez un poco alejado, para no encontrarme a nadie conocido, y era una cuadra tranquila con poco tránsito. Aún era verano, pero ese día en particular estuvo fresco, fui con mi falda escocesa verde, sweater o pullover como decimos acá y medias del mismo color, y con zapatos a cordones marrones. Obligatoriamente teníamos que usar una camisa blanca o a lo sumo una chomba blanca, pero ese día como me puse el pullover, use una remera por debajo.

Llegué a la esquina acordada, miré por todos lados, y no vi a nadie. Esperé unos minutos, ya eran casi las 13 hs. Pensé que me habían clavado, también me dije que venía de lejos, quizás se le complicó algo y no tenía como avisarme, porque nunca le pasé mi celular. Decidí esperarlo hasta las 13:30 hs y me iba. Por suerte ni habían pasado 5 minutos que tocaron bocina, la primera vez no presté atención, era común que acá te toquen bocina cuando ven a una chica, y te digan algún comentario desubicado, cosa que no me molestaba. Volvieron a toca una segunda vez y otra tercera. Miré bien esta vez y alguien me saludaba desde adentro de un auto.

Estaba estacionado en la cuadra de enfrente detrás de un camión, caminé unos 20 o 25 metros.

Ni siquiera me saludó y me dijo:

– Subí por detrás.

Sin pensarlo lo hice, me senté en el asiento trasero.

– Como estás? Perdón que te hice esperar, pero quería asegurarme que estabas sola. Llegué hace mas de una hora.

– Todo bien?, que suerte que llegaste, pensé que se te había complicado. Le dije.

– Para nada, el viaje mejor de lo que esperaba. Y valió la pena por lo que veo.

– Que bueno, en un rato estaba por irme, pensé que me dejabas abandonada. Bromee.

– Ni loco dejaba pasar esta oportunidad, aunque tenía la duda si era en serio. Ya me pasó, que me hicieron calentar y me dejaron colgado.

– En serio? Pregunté.

– Si, varias veces, esta lleno de calienta pijas que después ni aparecen. Te hacen perder el tiempo y te dejan con las ganas. En realidad son la mayoría, no se si lo hacen para joder o les da miedo al final.

– Me ibas a matar si te fallaba, mas haciendo todo el viaje.

– Podía pasar, pero algo me decía que no, no se que fue, pero se sentía real hablar con vos, y tu buena onda, me hizo animarme a hacer tremendo viaje.

– Gracias. Me sentí alagada, que hiciera tremenda travesía por mi.

– Hiciste lo que te pedí?

– Si, claro. Tal cual me dijiste. Es la de ayer.

– Me muero por verla. Acomodate en el medio.

Me senté donde me pidió, en el asiento trasero en el medio.

– Separa las piernas lentamente.

Lo hice. Mi falda iba subiendo de a poco, dejando al descubierto mis piernas, hasta que mi tanga blanca, con corazoncitos rojos se asomó. Le mandé fotos de mis tangas por el chat y es la que eligió.

– Hiciste lo que pedí?

– Si, es la que usé todo el día de ayer, me la puse por la mañana, dormí con esta y no me la saqué mas.

– Muy bien, me gusta que seas obediente. Ahora sácatela y dámela.

Cerré mis piernas, me levanté la falda, me tomé la tanga por la cintura y me la bajé, tuve que sacarme los zapatos y se la dí.

Nuestras manos se tocaron, tomó la tanga y se la llevó a la cara. Comenzó a olerla, se la refregó por su cara, se la cambió de mano, ahora la tenía en su mano izquierda, y la siguió oliendo.

– Mmmmmmmmm, que sabrosa que estas, lo que debe ser saborear tu conchita.

Con su mano derecha se desbrochó el cinto, el botón de su jean, y se bajo el cierre con gran habilidad.

Metió su mano bajo su ropa interior y su pija, salió como un resorte, ya estaba como piedra, era de unos 10 o 12 cm, pero bien gorda, la mas gorda que había visto en persona hasta la fecha, me preguntaba si algo así me entraría, tuve ganas de saberlo, pero no dije nada.

– Que rica estas. Mmmmmmmmmmmm.

Se comenzó a masturbar con su mano derecha. Sin dejar de oler mi tanga que ya tenía mas de un día de uso, a su pedido, era la primera vez que usaba la misma tanga tanto tiempo.

Yo no dejaba de ver su pija bien gorda y cabezona, se la veía deliciosa. Estaba hipnotizada.

– Separa tu piernitas.

Lo hice, me levanté la falda para que pueda observar mi conchita bien mojada.

Soltó su pija solo por un par de segundos, para acomodar el espejo retrovisor, apuntando a mi entrepierna, y se la volvió a agarrar.

– Mmmmmmmmmmmmmm, me encanta que la tengas peladita amor, como debe ser. Abrite los labios.

Apoyé mi mano sobre mi vagina, y con dos de mis dedos me separé mis labios.

– Asi, abrilos mas.

Me costaba separarlos solo como mis dedos, por lo que usé mis dos manos, y los separé lo mejor posible.

– Así me gusta.

Se sacó la tanga de la cara, se la apoyó en su pija, se la rodeó con esta y comenzó a pajearse mas fuerte, sin dejar de mirar mi conchita abierta a través del espejo retrovisor.

– Sentís toda la carne dentro? Ahhhhhhhhhhhhhhhh, como la tragas. Ahhhhhhhhhhhhhh.

– Mmmmmmmmmmmmmmmm, siiiiiiiiiiiiiiiii.

– Te gusta?

– Siiiiiii, no pares.

Mi conchita no paraba de chorrearse.

– Ahhhhhhhhhhhh, me vengo perra, ahhhhhhhhhhhhhhhhh.

Hundió todo su cuerpo contra el asiento, y se descargó. Saltó leche en grandes cantidades, cayó en su tablero, en el volante, salieron varios chorros a todos lados, mientras gemía como animal.

Se fue calmando y dijo:

– Me dejaste seco, como buena perrita. Hacía bastante que no me venía así, años, fuiste una buena perra.

Con su mano derecha, la tiró hacia atrás, y la apoyó en mi pierna izquierda y me la acarició por unos minutos, mientras se calmaba sin decir nada mas.

Soltó mi pierna.

– Tengo que pensar donde la escondo. Y me mostró la tanga.

Le sonreí. Me puse mis zapatos y me acomodé la falda.

– Gracias. Te alcanzo a algún lado.

– No gracias, me voy yendo que me esperan.

– Espera, te estas olvidando.

– Que cosa? Pregunté.

– Lo que te ganaste, y bien ganado.

– Ah. Dije. Ya me había olvidado, aún no era una buena puta en ese sentido.

– Ya te lo doy.

Se puso a buscar en su bolso, que estaba en el asiento del acompañante.

Me dio un fajo de dinero.

– Lo conté, pero contalo vos por las dudas.

– Muchas gracias, no hace falta.

Lo guardé en mi mochila.

Me acerqué a darle un beso. Le besé sus labios por unos segundos y me fui.

Salí apurada, y me dirigí hacia la otra dirección, me di cuenta a los metros, pero seguí caminando, no quería quedar como tonta, y di la vuelta una cuadra mas adelante.

Fui caminando a casa, me conchita seguía jugosa, y podía sentir como bajaba por el interior de mis piernas. Estaba ventoso, y mi falda se levantaba, tenía que sujetármela con mi mano, para que mi cola y y vagina, no queden al aire libre.

Llegué a casa, mi abuela ya estaba en la mesa, esperándome con el almuerzo servido.

– Voy al baño y vengo Abu.

Tiré la mochila en mi cama y fui al baño, me metí los dedos y me masturbé imaginando esa pija bien gorda en mi conchita y como se corría dentro de mi ser.

Me limpié y almorcé muy relajada, pensando en mi próxima experiencia.